Los empaques o expositores pesados, de gran tamaño y con formas poco prácticas ralentizan todo el proceso. Cuando es difícil trasladar las cajas, los expositores solo se pueden instalar fuera del establecimiento y los accesorios son difíciles de reubicar, las tiendas pierden flexibilidad, los costos de mano de obra aumentan y la experiencia del cliente se ve afectada.
Lo que parece un problema de manipulación suele ser un problema de diseño del empaque.
El reto
En entornos de almacén y venta al por menor, los empaques y expositores inmóviles crean una fricción constante:
- Las cajas pesadas y difíciles de manejar son difíciles de agarrar, levantar, trasladar y sacar de la tienda.
- Las pantallas grandes deben instalarse fuera de la tienda, en lugar de dentro de ella.
- Las unidades de exhibición son difíciles de mover por los pasillos y las trastiendas.
- Los manipuladores se esfuerzan por reposicionar los productos y los diseños a medida que cambian las promociones.
Todo esto aumenta la carga laboral, deteriora la experiencia del cliente y ejerce presión sobre los márgenes.
Por qué la inmovilidad perjudica las operaciones y la experiencia del cliente
Cuando los empaques y los expositores se niegan a moverse, toda la operación paga el precio.
El personal dedica más tiempo a levantar, arrastrar y manipular unidades pesadas en lugar de atender a los clientes o mantener las estanterías llenas. La disposición de los productos en la tienda y las promociones se llevan a cabo más lentamente y con un costo mayor, ya que los expositores no están diseñados para ser reubicados. Los expositores a medio montar, las unidades dañadas y las zonas en las que se acumulan productos que “se moverán más tarde” contribuyen a crear un ambiente desordenado y menos atractivo.
Los empaques pesados y difíciles de transportar también desalientan la compra. Es posible que los clientes necesiten ayuda del personal para llevar los productos a sus autos y, una vez en casa, sigue siendo difícil transportar cajas voluminosas desde el auto hasta la vivienda.
La inmovilidad no solo ralentiza las operaciones, sino que también agota la mano de obra, reduce la experiencia del cliente y, en última instancia, perjudica las ventas.
























